Vengo ante ti padre de toda misericordia y médico por excelencia, busco tu rostro pues solo en ti hay esperanza y puedo renovar mis fuerzas desgastadas, tu palabra es viva y eficaz y yo creo que nunca cambia de parecer, por eso hoy comienzo esta oración poderosa recordando aquella promesa que me hiciste cuando dijiste: He aquí que yo les traeré   creo firmemente que así será se que tu buena, agradable y perfecta obra se perfeccionará en mí hasta el final, confío plenamente en que eres el médico por excelencia y ninguna enfermedad que quiera acecharme a mí o a algún miembro de mi familia prosperar, porque si tú lanzas palabra de sanidad, no hay ningún poder, ninguna potestad que pueda decir y obrar de otra manera.

Reconozco en este día mi amado Señor, que nada se escapa de tu control, aun cuando he tenido que atravesar valles de enfermedad he visto tu poderosa mano interviniendo a mi favor, me dirijo a ti que eres el médico por excelencia, tú diseñaste la ciencia y pusiste en la mente de los hombres el conocimiento para poder desarrollar la medicina y tratar con muchas de las enfermedades que estamos atravesando, en este día me presento delante de ti reconociendo que eres soberano y todopoderoso, que moriste, resucitaste y venciste la muerte y la enfermedad, las clavaste en la cruz del calvario y con tus heridas compraste nuestra sanidad, tu palabra dice: fuiste traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre ti recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a tus heridas fuimos sanados por completo.

Por lo tanto hoy me levanto en tu autoridad poderoso Rey Soberano y reclamo la herencia de salud que dejaste escriturada a tus hijos en tu palabra, sé que moriste para que yo pudiera vivir, sé que derramaste tu sangre para que toda dolencia fuese erradicada de mi cuerpo para siempre, por tanto no voy a temer, cuando pase por el fuego de prueba o por el valle del dolor, echaré mano de las enormes promesas que me has dado, echaré fuera por el poder de tu nombre todo yugo de mentira, todo argumento de mi adversario que intente hacerme dudar, todo lo puedo en ti porque tú eres mi fortaleza, por tanto mientras atravieso este desierto te voy a adorar, pondré mi mirada y me sostendré como viendo al invisible, levantaré cánticos de alegría y no cederé ante el desánimo, estoy plenamente convencido que la buena obra de restauración que comenzaste en mi cuerpo y en mi salud la perfeccionarás hasta el fin.

Hoy que estoy atravesando episodios donde siento que me falta la salud, traigo a mi mente tu palabra que dice que hiciste tuyos nuestros pecados, y por eso moriste en la cruz. Lo hiciste para que nosotros dejemos por completo de hacer el mal, y vivamos haciendo el bien. Fuiste herido para que nosotros fuéramos completamente sanados, por eso glorifico tu nombre porque hay una herencia de salud dispuesta a ser recibida y disfrutada, porque lejos de haberte decepcionado por mis delitos y pecados, te entregaste para que pudiera disfrutar de enormes regalos, entre esos tu preciosa amistad y el regalo de una vida en plenitud, mi corazón estaré rebosante de gratitud porque puedo reconocer que no se te escapó ningún detalle, porque por tu sacrificio ahora la enfermedad no se enseñoreará de mí, sino que la usaras como un vehículo para que mi fe se fortalezca y para que todos vean el enorme poder que tienes.

Hoy me revisto de confianza, de esperanza y de fe, clamo a ti y te suplico que intervengas con poder en medio de mi diagnóstico, no tengo dudas que puedes hacerlo, una sola palabra tuya bastará para cambiarlo todo y restaurar cada parte de mi cuerpo, porque fui hecho por tus manos y recibí vida por tu aliento sobre mí, venciste lo que a los ojos de la gente parece ser invencible, venciste la misma muerte y si la derrotaste llevándola cautiva y poniéndola bajo tu señorío, sé que ni mi dolor, ni mi enfermedad no prevalecerán frente a ti, así mismo establezco que tu palabra mi buen padre será mi medicina, cuando las dolencias me aquejen, cuando el dolor me agobie, me refugiaré en tu palabra que es mi fuente de fuerza y de fortaleza, allí encontraré esperanza y confianza, me anclaré a tus promesas para que ninguna tempestad me pueda arrastrar, pero también obedeceré tus mandamientos y escudriñaré tu verdad para hacer lo que te agrada y así mi salud y mi vigor sean preservados.

Cuando te sientas atribulado por alguna enfermedad, que tú o tu familia puedan estar atravesando, te invito a que recuerdes que la sanidad es una herencia divina que Dios ha dejado a sus hijos, es momento que desde tu posición de hijo de Dios, comiences a vivir conforme a lo que el padre celestial dijo de ti, no desde el temor, ni desde el dolor, no desde el pesimismo o la preocupación, sino desde la fe y la confianza que te da el ser llamado hijo de Dios, termina este tiempo de oración reconociendo tu necesidad de la intervención del Señor en tu vida y especialmente en el área de tu salud.

Mi amado Señor, te pido que extiendas tu cobertura sobre mi vida y mi familia, yo confío plenamente que ellos están protegidos de toda peste mortífera, hoy reclamo la promesa que me has dado en el salmo 91, sé que has establecido vallado de ángeles para que peleen a mi favor y a favor de mi familia, estoy convencido que me mantendrás libre de toda enfermedad, declaro eso ningún virus, enfermedad terminal o cualquier enfermedad que quiera poner en peligro de muerte mi vida va a prosperar, porque yo habito bajo la sombra de tus alas, declaro en este día que tu sangre preciosa les cubre de toda dolencia y de toda enfermedad, confío mi amado Señor que hay poder en la cobertura de tu sangre, por lo tanto declaro que la sangre de Cristo cubre mi familia y mis generaciones, ningún diagnóstico médico desfavorable o ninguna dolencia se enseñoreará de ellos.

Quiero ser mi amado Señor un testimonio viviente de tu amor y de tu inmenso poder, quiero contarle al mundo tus maravillas pues has sido bueno conmigo, hoy reclamo la promesa que le diste a tu pueblo en el libro de Jeremías 33:6 cuando dijiste: Sin embargo, les daré salud y los curaré; los sanaré y haré que disfruten de abundante paz y seguridad, hoy puedo proclamar al mundo entero cuán inmensa es tu fidelidad para conmigo, que aun conociendo mis errores y mis fracasos, aun cuando caigo en el desánimo, tú no desistes de mí, siempre cumples tus promesas, por esto no esperaré a que ocurra el gran milagro, sé que el solo hecho de estar respirando hoy ya es un literal milagro, es por esto que desde ya elijo disfrutar de esa paz que me has prometido al confiar en ti, hoy le recuerdo a mi enfermedad que tú no te arrepientes de lo que hablas y que lo que escribiste en tu palabra se cumplirá.

Descanso por completo en el regalo de tu sanidad y me gozo porque tuyo es el poder y la gloria, todo será en tu tiempo y a tu manera, por tanto mi trabajo es creer y el tuyo será obrar mi sanidad en el momento correcto, lo creo y lo confieso, en el nombre de Jesús, amén.