Amado Padre que estás en el cielo, en esta mañana venimos ante tu presencia para darte gracias por este día que comienza, donde siempre contamos con tu amoroso cuidado con cada uno de nosotros y de nuestras familias.

Así mismo Señor, con ésta palabra que hoy recibimos, aprendemos el llamado a madurar como creyentes, a reconocer que nos hemos distraído, que dejamos que las cosas del día a día nos envuelvan y que estamos siendo autosuficientes y haciéndolo todo a nuestra manera y se nos olvida que es peligroso, que podemos terminar idolatrando, personas, actividades o hasta al dinero, olvidándonos de que, si tú no estás con nosotros, nada podemos hacer.

Señor, queremos ser esos verdaderos discípulos tuyos, que se concentran sólo en Jesús y que, aunque otras cosas compitan para ganar nuestra atención, debemos siempre recordar que Cristo es mejor y que está por encima de todo lo creado. Dios mío, queremos darte siempre el primer lugar, centrar nuestra vida en tu precioso Hijo Jesús, depender de tu favor y no ceder ante el pecado, ni menos confiar en nuestro propio esfuerzo.

Sabemos Señor, que algo grande quieres traer sobre nuestra vida, algo que superará nuestras expectativas, ya que has prometido darnos más abundantemente de lo que te pedimos. 

Es más, creo que nada vale la pena comparado con el invaluable bien de conocer a Jesucristo, mi Señor. Por Cristo he abandonado todo lo que creía haber alcanzado. Ahora considero que todo aquello era basura con tal de lograr a Cristo. (Filipenses 3:8)

Señor, ayúdanos a tener la suficiente fe para creer que estás obrando en favor nuestro, que todo aquello que aborreces y que ahora tiene un lugar importante en nuestra vida, debemos dejarlo, ser sabios como Moisés que rechazó los deleites y beneficios temporales a los que tenía derecho, porque eran pecado delante de ti.

Desde niños nos han enseñado que es realmente lo más importante y Marcos 12:29 y 30, nos recuerda lo que el mismo Hijo de Dios respondió a los escribas: Jesús contestó: —El mandamiento más importante es este: “¡Oye, Israel! El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

Así queremos amarte Señor, como sólo tú mereces, por lo tanto, a partir de hoy, en oración clamaremos al Espíritu Santo, que nos ayude, que nos revele, que nos enseñe a soltar, a dejar ir las cosas que Dios quiere quitar delante de nosotros, que podamos ser como lo dijo el apóstol Pablo, con tal de ganar a Cristo, considero todo por basura. 

Que, a partir de hoy Señor, seamos como Moisés, que se enfocó en rechazar los deleites temporales y esperar en Jesús. Te lo pedimos desde lo más profundo de nuestro corazón. Amén y amén.